music

Audífonos

· 2min

Música como nunca en mi vida, hipnosis completa. Eso es lo que sentí cuando por primera vez en mi vida a los 19 años pude juntar los 474.05 soles (con oferta) que valían unos audífonos over-ear que tenía planeados comprar hace buen tiempo, los WH-CH700N.

Siempre he sido un fanático de la música, sobretodo porque durante los largos viajes de horas que tomaba todos los días al colegio la música era el mayor guía de mis pensamientos, claro que no siempre la he elegido, no tuve mis primeros audífonos hasta que tuve 13 años cuando vi unos Sony turquesas en una manta en el piso de un vendedor que me lo dejó a 20 soles, lo cual era bastante para mi, pero lo vi necesario porque después de unos años te das cuenta que las radios no son tan variadas como uno imaginaba, y uno que ha viajado en bus desde los 9 años se da cuenta de ello inevitablemente, al momento de escribir este blog me doy cuenta que eran los MDR-E9LP, obviamente no por sponsor de Sony pero les he tenido cierto cariño indudablemente, sobretodo por que me introdujeron a un mundo de exploración de la música (y a los torrents)

Recuerdo cuando llegaron, estaba súper emocionado y ya tenía planeado un par de álbumes con qué probarlo.

Artaud del Flaco fue el primero, y sin duda fue una inesperada excelente primera opción, hasta ese punto de mi vida no había experimentado el audio estéreo, habré escuchado Artaud unas 50 veces para ese momento pero cuando las escuché a través de los nuevos audífonos… quedé en un trance total, tantas notas, tantos instrumentos en todas partes; cerré mis ojos, mi cerebro no podía con tantos estímulos a la vez, sentía que la música estaba rascando partes de mi cerebro que nunca habían sido tocadas, no podía creer que me había perdido todo esto todo este tiempo. Al momento de llegar a Cantata de Puentes Amarillos fue un ritual totalmente insano que nunca había experimentado en mi vida.

Siempre es Hoy de Cerati fue el siguiente, del mismo modo escuché Sulky de una manera que se sentía hasta ilegal y degenerada por la claridad de la canción

proseguí con Rosa de la gran La Lá, del mismo modo Narcisos pegó como nunca había pegado antes, sentía que había descubierto un secreto colectivo, del cual solo algunos sabían pero no lo hablaban.


Sin duda es un momento el cual recuerdo mucho, sobretodo en los domingos de calma donde, ya con mayor presupuesto, me coloco los “audífonos buenos” y me dejo llevar por algún álbum que me prepara para una nueva semana. Como quien hace limpieza del depa, la música limpia mi mente.